
Comprender que la parte más inteligente de nosotros es no nuestra mente sino nuestro “instinto” es sanarnos a nosotros mismos y sanear al planeta en si.
Hace cuatro mil millones de años la tierra era dominada solo por las moléculas. Algunas se reproducían de un modo ineficaz. Competían en la búsqueda de bloques constructivos y dejaban copias de si mismas. La evolución estaba ya definitivamente en marcha, incluso a nivel molecular, gracias a la reproducción, mutación y la eliminación selectiva de las variedades menos eficientes.
A medida que pasaba el tiempo conseguían reproducirse mejor, llegaron a unirse entre si moléculas con funciones especializadas, constituyendo una especie de colectivo molecular: LA CELULA.
De ese entonces al día de hoy la historia ha venido siendo una larga jornada donde las estructuras básicas de la vida se han venido perfeccionando en base a prueba y error, sobreviviendo solo los grupos que eran capaces de irse adaptándose al medio ambiente. Grupos celulares inteligentes, capaces de irse uniendo para ir formando organismos cada vez más sofisticados que les permitieran continuar en este mundo. Organismos capaces de transformar la atmósfera su entorno y ellos mismos para crear las condiciones necesarias para garantizar su futuro linaje. Los grupos celulares se fueron separando formando especies de toda orden conocida.
Esta inteligencia celular fue la que formó a los mamíferos que a su vez formaron a los humanos y a su vez se formó la mente y el ego.
Somos la única especie dentro de esta biodiversidad con la característica única del pensamiento avanzado, nuestras células crearon el neocortex y nuestra masa encefálica con la cual fue la herramienta evolutiva que nos permitió asegurar nuestro lugar en la tierra.
las células son la base de la vida inteligente que ha hecho posible crear el mundo vivo como lo conocemos, cada animal, insecto, árbol, virus, bacteria, pájaro, pez, reptil, humano es producto de la INTELIGENCIA NATURAL que ha venido desarrollándose a través de millones de años y que continúa haciéndolo, además de que a pesar de haber generado incontables variedades de vida, de organismos, de razas han sabido conservar el equilibro y sustentabilidad para haber vivido entre ellas por millones de años.

















